REATIVISMO-PERMISIVIDAD-HEDONISMO



 El relativismo

El relativismo es la idea de que no existen verdades absolutas; más bien, se considera que la verdad es algo cambiante y depende de cada persona, contexto o cultura. En este sentido, lo que es "verdadero" o "correcto" para una persona podría no serlo para otra, y ninguna postura tendría más validez que otra.

Este enfoque representa un desafío importante para la Iglesia, ya que la doctrina cristiana se basa en la existencia de verdades universales y objetivas, especialmente sobre temas morales, éticos y espirituales. La Iglesia sostiene que ciertas verdades son válidas para todas las personas en todos los tiempos y culturas, como la dignidad de la vida humana, el amor al prójimo y los mandamientos de Dios.


El relativismo cuestiona estos fundamentos, promoviendo la idea de que los principios morales pueden variar según las creencias y valores personales de cada uno. Esto podría debilitar la autoridad moral de la Iglesia, ya que muchas personas pueden rechazar enseñanzas que no se alineen con su perspectiva individual o la cultura de su época. Para la Iglesia, el relativismo se convierte en un obstáculo a la hora de guiar a los fieles hacia una vida conforme a los principios del Evangelio.


CASO

Un ejemplo claro de relativismo es la controversia en torno a la eutanasia y el suicidio asistido en varios países. En algunas culturas y sistemas legales, como en los Países Bajos, Bélgica y Canadá, se ha permitido la eutanasia como un derecho individual, con el argumento de que cada persona tiene la libertad de decidir sobre su propia vida, especialmente en situaciones de sufrimiento insoportable.

Sin embargo, desde la perspectiva de la Iglesia y otras tradiciones religiosas, la vida humana tiene un valor intrínseco que no depende de las circunstancias individuales, y la decisión de ponerle fin no está en manos del ser humano. La posición de la Iglesia es que la vida es sagrada y que debe protegerse hasta su fin natural. Así, mientras para algunas personas y sociedades la eutanasia es una elección moralmente aceptable, para otras es inaceptable en cualquier circunstancia.

Este conflicto refleja el relativismo, donde lo que es considerado "bueno" o "correcto" en una sociedad puede no serlo en otra, y no existe una "verdad" universalmente aceptada sobre el tema


REFLEXION

La reflexión que nos deja este ejemplo es la importancia de cuestionar si existen valores o principios que deben ser universales, más allá de nuestras creencias personales o culturales. En un mundo tan diverso, el relativismo puede llevarnos a la aceptación de posturas que, aunque legítimas en algunos contextos, podrían tener consecuencias éticas complejas.

También nos recuerda que, aunque el respeto a la libertad individual es fundamental, necesitamos equilibrarlo con una visión que valore la dignidad y el bienestar de todos. En temas sensibles como la vida y la muerte, este equilibrio entre la autonomía personal y los valores morales colectivos nos invita a un diálogo profundo y respetuoso, considerando las implicaciones de nuestras decisiones no solo a nivel individual, sino también social.

Para la Iglesia y quienes creen en valores absolutos, este ejemplo es una llamada a renovar el compromiso con el diálogo y la educación ética, buscando ofrecer orientación en un mundo donde las decisiones éticas son cada vez más personales y subjetivas.


Permisividad

La permisividad es la tendencia a aceptar o tolerar comportamientos y actitudes que antes se consideraban inapropiadas o inmorales, sin imponer restricciones o juicios. Como desafío para la Iglesia, la permisividad se manifiesta en la normalización de prácticas y estilos de vida que están en conflicto con la enseñanza cristiana sobre temas como la sexualidad, el matrimonio, la familia y el respeto a la vida.

Este desafío surge porque la sociedad actual promueve una libertad individual casi sin límites, donde cada persona puede decidir lo que considera mejor para sí misma, sin necesariamente someterse a normas externas. Esta postura choca con la perspectiva de la Iglesia, que aboga por un conjunto de valores y principios éticos que guían la vida cristiana y que considera necesarios para el bienestar personal y social.

La permisividad, en este contexto, puede llevar a que algunas personas se alejen de la doctrina y los principios de la Iglesia, pues ven en ella una institución restrictiva o anticuada. Esto representa un reto pastoral y doctrinal, ya que la Iglesia debe encontrar un equilibrio entre mantenerse fiel a sus enseñanzas y, al mismo tiempo, acercarse a las personas con compasión y comprensión, sin perder de vista su misión de orientar hacia una vida basada en el Evangelio.



CASO
Un caso de permisividad dentro de la Iglesia puede observarse en el enfoque más flexible que algunas comunidades católicas han tenido hacia el tema de los divorciados vueltos a casar y su participación en los sacramentos. Tradicionalmente, la Iglesia enseña que el matrimonio es indisoluble, y aquellos que se divorcian y vuelven a casarse civilmente no deberían recibir la comunión, ya que viven en una situación que contradice la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio.

Sin embargo, en los últimos años, especialmente tras el Sínodo de la Familia y con la exhortación apostólica Amoris Laetitia del Papa Francisco, se ha abierto una puerta para que, en ciertos casos, los divorciados vueltos a casar puedan acceder a los sacramentos tras un proceso de discernimiento y acompañamiento pastoral. Esto ha sido visto como una forma de permisividad por algunos sectores dentro de la Iglesia, que consideran que relajar esta regla podría debilitar el valor del matrimonio indisoluble.

Este enfoque ha generado un debate entre quienes apoyan una visión pastoral más inclusiva y quienes temen que esta permisividad conduzca a una pérdida de los valores y enseñanzas fundamentales de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia.


REFLEXIÓN
La reflexión que nos deja este caso es la tensión constante entre la fidelidad a los principios y la necesidad de adaptarse a las realidades humanas con compasión y comprensión. La Iglesia se enfrenta al reto de mantener sus enseñanzas sobre el matrimonio y la indisolubilidad, al mismo tiempo que busca no alejar a aquellos que, por circunstancias difíciles, se encuentran en situaciones irregulares.

La reflexión que nos deja este caso es la tensión constante entre la fidelidad a los principios y la necesidad de adaptarse a las realidades humanas con compasión y comprensión. La Iglesia se enfrenta al reto de mantener sus enseñanzas sobre el matrimonio y la indisolubilidad, al mismo tiempo que busca no alejar a aquellos que, por circunstancias difíciles, se encuentran en situaciones irregulares.

En el fondo, este desafío plantea preguntas sobre cómo la Iglesia puede ser una guía espiritual que acompaña a sus fieles en el camino hacia una vida más plena, sin perder su identidad y misión. Nos recuerda también que la fe debe estar acompañada de una actitud de amor y comprensión, recordando que cada persona está en un proceso de crecimiento y conversión.


MONOLOGO

Se encienden las luces, el presentador entra en el escenario con una sonrisa y saluda a la audiencia.

Presentador:
¡Buenas tardes, chicas y chicos! Hoy vamos a hablar de algo muy moderno, muy "chic". Algo que seguro han oído en redes sociales, en los memes, o incluso cuando tu mamá te dice: "¡Cómo han cambiado las cosas, caray!"

Vamos a hablar del relativismo y de la permisividad. Dos palabras que probablemente suenan como nombres de bandas de rock alternativo, ¿verdad? Pero no, no vamos a cantar —aunque si canto, seguro que sí sería una experiencia relativa… relativa a si tienes buenos tapones para los oídos.




Ahora, ¿qué es el relativismo? ¿Les suena? Es esta idea de que nada es absolutamente cierto. Como cuando alguien te dice: "Eh… ¿cómo que la pizza de piña está mal? ¡Para mí está perfecta!" Y claro, cada quien tiene sus gustos, ¿no? Entonces, el relativismo dice: "Hey, todo es relativo". Todo depende de cómo lo mires.

Pero, ¿qué pasa cuando aplicamos este pensamiento a las reglas o a lo que consideramos correcto o incorrecto? Ahí es donde entramos en la zona de peligro. Porque si todo es relativo, ¿quién decide lo que está bien o mal?

Por ejemplo, imaginen que un amigo llega y dice: "¿Sabes qué? Mañana no voy a la escuela. Total, para mí la escuela no tiene sentido." Y suena genial al principio, ¿verdad? Pero luego, sin la escuela, pues se te van los futuros trabajos, el futuro sueldo, y, bueno, hasta el futuro aire acondicionado en pleno verano.



Y ahí entra algo más grande: la Iglesia. Porque la Iglesia dice que hay algunas cosas que son absolutas. Así como la gravedad, que si te tiras de una silla, no vas a "relativizar" el golpe. (No me miren, yo también lo intenté de chico). La Iglesia propone ciertos valores que considera fundamentales, como la dignidad humana, la justicia, y el amor.

Aquí es donde entra nuestro otro amigo: la permisividad. Es como la primita del relativismo. La permisividad es esa amiga que siempre te dice: “No pasa nada”. Como cuando dices: “No hice la tarea, pero… bah, no pasa nada.” O cuando un adulto nos dice: “Tienes que respetar el horario”, y tú: “Bah, 10 minutos tarde… no pasa nada”.

Pero si llevamos la permisividad al extremo, imaginen: la sociedad comienza a funcionar con "bah, no pasa nada" en todo. ¿Qué creen que pasaría? ¡El caos! Entonces, lo que la Iglesia dice es: “Oye, si hay valores que nos pueden ayudar a vivir mejor. ¡Sigámoslos!”



Porque, miren, al final del día, las normas y valores son como el Wi-Fi. Uno dice: “Nah, ¿para qué?” Pero a la hora de la hora, cuando se cae… ahí andamos todos desesperados por conectarnos.

Entonces, chicos, cuando piensen en lo relativo, en lo permisivo, acuérdense de lo importante que es tener ciertos límites, algunas verdades en las que apoyarnos. Porque sin ellas, en lugar de vivir libremente, acabaríamos perdidos.

El presentador hace una pausa, observa a la audiencia y concluye.

Presentador:
Así que, el relativismo y la permisividad pueden parecer ideas súper "cool", pero como en todo, con un poquito de juicio y de esos valores fundamentales, podremos seguir adelante con libertad ¡sin perdernos en el camino! ¡Gracias y hasta la próxima!




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